El otro día, paseando por la Plaza Redonda, me encontré delante de este expositor con hilos de bordar.
Me quedé mirandolo un ratito porque me transportó a otra época de mi vida, cuando era una niña y mi madre me enseñaba a hacer punto de cruz y a bordar florecitas en un bastidor.
Me encantaba tener muchos hilos de distintos colores, me fascinaban. No me cansaba de mirarlos
Me parecían un tesoro y los cuidaba con suma delicadeza.
Y aún me siguen pareciendo preciosos, dignos de ser admirados.
Me parece una pena que se haya perdido la costumbre de iniciar a los niños en confeccionar estas labores manuales, porque creo que las manualidades les abren las puertas a utilizar la cabeza y a desarrollar su propia imaginación.
En medio de tanta Play, tanta Wii, tanto PC, y tanta TV-3D-HD, el aprender a utilizar las manos para algo más que pulsar teclas, mandos y moviles seguro que les resultaria muy beneficioso.
Particularmente pienso que es una actividad de psicomotricidad fina muy importante para los niños, y que todos deberían hacer como ejercicio de concentración y de destreza motriz, más allá de cualquier connotación social.
Ya sé, pensareis que son nostalgias mías pasadas de moda.
Pues como decía mi madre, nunca está de más saber enhebrar una aguja, aunque solo sea para coser un botón.



















