domingo, 14 de diciembre de 2008

AMISTADES DE SEDA



Me gusta leer libros que hablan de amistad y de ello habla uno que me han recomendado, y el tema me ha hecho reflexionar sobre la amistad y su valor.

Se llama El abanico de seda y se desarrolla en China, con un hilo argumental bastante sencillo pero que tiene como eje la escritura exclusivamente femenina o “nu – shu” que se profesan dos niñas (y posteriormente dos mujeres) en la que basan una sincera y bella amistad.

Pienso que deberia leerlo, si, seguro que lo leeré, pero hoy mi reflexión versa sobre que, en ocasiones, ser un amigo/a sincera es algo muy complicado.

Me refiero a que en muchas ocasiones, aunque queramos ciegamente a nuestros amigos, no siempre nos comportamos como nos debiéramos y como ellos nos necesitan , sino como nosotros creemos que es el modo más adecuado.
Aunque a mí no me gusta darles consejos, en ocasiones, soy consciente de que me comporto tratando de buscar en ellos reacciones y palabras que tendría yo misma y que, evidentemente, como ellos, mis amigos, no son yo, parecen sorprenderme (que no defraudarme).
Pero la cuestión es si les defraudo yo con mis actos y con mis palabras, si a veces esperan de mí algo diferente porque actúo según mi criterio. Convendréis conmigo en que ser un buen amigo/a no resulta nada fácil.

A decir verdad, mantener, mimar y cuidar una amistad es una de las cosas más difíciles de la vida, aunque ello nos reporte grandes satisfacciones.

Cuando hablo de amistad no me refiero a la amistad que a veces confundimos con el afecto que sentimos hacia personas que nos rodean en nuestra cotidianeidad, en nuestras relaciones normales, con quien tomamos un café, quedamos a echar unas cañas o salimos de marcha.
Me refiero a esos amigos que están siempre ahí, sin que les llames, que sabes que existen aunque haga varias semanas que no ves, nuestros amigos del alma, nuestros mejores y grandes amigos a los que, seguramente, son aquellos a los que más defraudamos.

Aquellos con quienes mantenemos relaciones cordiales, hermosas y sinceras, pero a los que no somos capaces de contarles nuestras cosas más íntimas, parece que todo va bien, que somos siempre grandes personas, que nos aprecian y cuando no estamos nos añoran.
Pero a los amigos del alma, a esos que a veces no entendemos en su manera de actuar debemos, precisamente, volcarnos para no actuar o hablarles como creemos, sino como ellos nos necesitan.

No sé si me he explicado bien, o si os he hecho la picha un lio, como se suele decir ahora.
Bueno, aqui queda mi reflexión.

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