
A lo largo de esta semana ya he oído a tres personas decir que estaban quemadas por su trabajo y se me ocurrió hablar en este blog sobre el síndrome de "estar quemado" o "burnout" que tan de moda está en los últimos tiempos.
Al comentarle a una de estas personas que quería escribir sobre el síndrome del "quemado" me terminó contando su experiencia. Esta persona lleva trabajando como profesora de educación secundaria durante 18 años y 5 años en su actual puesto de trabajo. Durante este curso ha tenido bastantes problemas con tres de los peores alumnos que presentan un claro fracaso escolar. Suelen crear un ambiente bastante conflictivo en el aula, hacen pintadas en la pizarra ofendiéndola, la interrumpen frecuentemente cuando está dando la clase y en ocasiones ha oído insultos contra ella, pero no ha podido saber quién ha sido. El resto de los alumnos están bastante desmotivados y en los exámenes ha habido un fracaso en las notas del 80 por ciento. Y así, año tras año. Según sus palabras: "Para mí levantarme cada mañana supone un sacrificio. Mi trabajo se ha convertido en una monstruosa rutina y esto ha afectado en mis relaciones personales. Me enfado con todo el mundo, es que salgo y no sé más que hablar de trabajo. Me siento culpable porque siento que no soy capaz de hacer mi trabajo y hace unos meses he vuelto ha tomar medicación para la ansiedad y el insomnio."
Esta situación de estrés laboral crónico ha desencadenado un síndrome de burnout que, según Pedro Gil-Monte, se caracteriza por:
Deterioro cognitivo, consistente en la pérdida de la ilusión por el trabajo o baja realización personal en el trabajo.
Deterioro afectivo, caracterizado por alto agotamiento emocional y físico debido al contacto continuado con las personas objeto de atención.
Actitudes y conductas negativas hacia los clientes y hacia la organización, en forma de comportamientos indiferentes, fríos,distantes y, en ocasiones, lesivos. En ocasiones, acompañado de sentimientos de culpa.
Síntomas físicos de estrés: agotamiento, nerviosismo, taquicardia, frecuentes dolores de cabeza, problemas de sueño, úlceras...
Y es que la competitividad, la presión laboral, las prisas y los rápidos cambios, especialmente en el mundo laboral, nos han traído un "nuevo mal" que afecta principalmente a los profesionales del sector servicios (sanidad, educación, servicios sociales...), es decir, aquellos que tienen un contacto permanente con los demás. Y cada vez son más los que sufren las consecuencias siendo motivo de frecuentes bajas, accidentes laborales, deterioro en la calidad del servicio...
La superación de este problema conlleva la modificación de las condiciones de trabajo. Sin embargo, no siempre es posible. Una forma de atenuar y prevenir este síndrome es entrenar ciertas habilidades de reducción de estrés y estrategias de afrontamiento que nos van a ayudar a enfrentarnos a nuestro trabajo de una forma más positiva.
Yo he de confesar, que en mis ultimos tiempos de trabajadora (no hace muchos meses)
si que tuve este sindrome, me sentía quemada y falta de ilusión por ir a trabajar todos los dias.Tuve suerte de trabajar en una empresa, que estaba por la labor de pre-jubilar a todos los empleados mayores de 50 años.
Estoy encantada con mi nueva situación. Para mi el burnout se acabó.
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Para saber más:
El síndrome de quemarse por el trabajo: Una enfermedad laboral en la sociedad del bienestar. Madrid: Pirámide. Gil-Monte, P.R. (2005).
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