
Nada comienza con más emoción y esperanza que el amor, pero también nada termina con más frustración y tristeza.
La pareja es un rompecabezas emocional que, aunque sólo tiene dos piezas, resulta difícil de encajar.
Tarde o temprano nos toca a todos. Uno se estampa contra el suelo y se rompe en pedacitos. Intenta recomponerse, pero la maquinaria y los engranajes del corazón son muy dificíles de reencajar. Hace falta tiempo y ayuda.
No sé si os habrá sucedido alguna vez,pero observando esta foto he recordado cuando se termina el amor,cuando alguien a quien amas te dice adiós y el corazón se para de pronto y se muere.
Se lleva durante un tiempo así,en bandolera como decía Adamo.Con electrocardiograma plano.
Intenta volver a latir pero parece que ya no bombeara sangre, sino aceite. La sangre que transporta las emociones se coagula en el recuerdo de lo que un día fue. Es demasiado densa, hay demasiado peso que remolcar como para seguir latiendo.
Uno echa la vista atrás y encuentra errores. Meteduras de pata que seguro ayudaron a llevarte donde estás, pero ya no se puede viajar en el tiempo para enmendarlas.
Y en esa vista atrás uno encuentra también recuerdos de momentos felices, momentos en los que todo funcionaba bien, momentos de sonrisas y de fotos, de abrazos y de besos, de mimos porque sí y de te quieros porque te quiero. Pero éstos tampoco son capaces de viajar en el tiempo para venir del pasado al presente.
Es momento de lamentos y de luto.
Es momento de llorar y echarlo todo fuera.
Ya escampará algún día y volverá a salir el sol, porque el sol siempre sale de nuevo.
Pero amigo mio (de la foto), hazte la idea cuanto antes...has jugado mal tus cartas y has perdido.
Para ella la indiferencia es ahora su fiel aliada.
Está muy segura, sabe lo que quiere, y no eres tú.
No supliques,no llores, simplemente acepta la derrota con elegancia...